
«Nuestra misión es brindar educación, alimentación y salud a los niños de las comunidades campesinas de Cusco, donde las oportunidades son escasas, pero el talento y el deseo de aprender abundan. Cada día, vemos el esfuerzo de nuestros estudiantes por superar las dificultades y soñar con un mejor futuro.
Con tu apoyo, podemos seguir transformando vidas, asegurando que cada niño tenga los recursos necesarios para crecer con dignidad y esperanza. Contamos con tu ayuda para llevar adelante este cambio y así juntos construir un mañana mejor para ellos».

enfrentan dificultades para acceder a educación de calidad, atención médica y una alimentación adecuada. Con tu ayuda, podemos brindarles un futuro lleno de oportunidades.
de nuestra red de colegios no cuentan con una alimentación adecuada, afectando su salud y rendimiento escolar.
El P. Molina nació el 23 de octubre de 1920 en Pravia (Asturias). Sus padres fueron D. Rodrigo Molina Gil y Dña. Rita Rodríguez García-Arango.
Inició sus primeros estudios en el Colegio de San Luis de su pueblo natal. El bachillerato lo cursó en distintos centros de la Compañía de Jesús en condiciones difíciles, dada la sañuda persecución religiosa que durante este período se había desencadenado en España.
Recibió la sagrada ordenación sacerdotal el 13 de julio de 1956 a la edad de 36 años.
Fundó y dirigió una Escuela Profesional vinculada a la Compañía de Jesús en Murcia, España. Cuando Mons. Ricardo Durand Flórez S.I. fue consagrado Obispo para regir la Arquidiócesis del Cuzco, el P. Rodrigo Molina fue destinado al Cuzco para trabajar con él.
Con tenaz esfuerzo logró establecer centros de estudio filosófico-teológicos, centros de espiritualidad, parroquias, capillas, librerías, imprentas, publicaciones, Editorial Testimonio, estaciones de radio, televisión, colegios, talleres, institutos técnicos, centros de salud, comedores, planta lechera… en muchos enclaves de la geografía americana y española. Argentina, Colombia, Chile, España, EE.UU., México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y Brasil son los países que recibieron los rayos benéficos de su Obra.
Su afán de ser Luz de Dios en el mundo lo convirtió en itinerante a lo divino para irradiarla hasta los últimos rincones donde la oscuridad del pecado y del desamor opaca tantas vidas. Fue un predicador infatigable. Con sus innumerables tandas de Ejercicios Espirituales y conferencias quiso dar sentido a la existencia de tantas vidas humanas a fin de que fuesen sal del mundo, su luz, su ejemplo. Promovió tenazmente la Adoración Perpetua a Jesús Sacramentado y la devoción a la Santísima Virgen María, bajo la preciosa advocación de “Nuestra Señora del Encuentro con Dios”.
En el año 1996, con la aprobación de sus Superiores Jesuitas, se retiró de la Compañía para poder incorporarse y dedicarse definitivamente a vivir su consagración a Dios al servicio de las diversas asociaciones que Dios le había confiado. Murió el 28 de abril de 2002 en olor de santidad.
Josefina Serrano fue una joven maestra que a los 20 años conoció al P. Rodrigo Molina, quien acababa de iniciar en el Cuzco (Perú), una Obra misional: Prodesa.
Un grupo de misioneros seglares, bautizados conscientes de su compromiso con Jesucristo, que comparten el ideal de que el Reino de Dios, en su doble vertiente natural y sobrenatural, se verifique en todas las actividades de la vida humana. Para ello los miembros trabajan primero por la propia santificación, y segundo, hacen de toda actividad laboral una plataforma para extender el Reino de Dios, especialmente entre los más pobres.
Josefina se incorpora a Prodesa y se convierte en el primer miembro de la Asociación al frente de la rama femenina. Fue la perfecta discípula que vivió secundando las iniciativas del P. Molina.
Fue ejemplo de sencillez abnegada, de olvido de sí. Heroica en su conformidad absoluta al Querer de Dios, consecuente hasta el fin a su generosa entrega. Esta Familia Espiritual es fruto de su maternidad virginal y fecunda.
José Cruz Vicente Letamendía y Rosa María Urra nacen en Pasajes de San Juan (Guipúzcoa, España). Poco antes de casarse conocen al Rvdo. P. Rodrigo Molina, que estaba comenzando su Obra misionera, y le prometen irse al Cuzco nada más casarse para consagrar sus vidas al Señor al servicio de los más necesitados.
Sin saberlo, serán los primeros misioneros y los cimientos de la Obra del Padre. Su generosidad llena de alegría al Padre Molina. En José Cruz se da cuenta que ha encontrado a la persona que necesitaba. Él es muy inteligente. Posee grandes cualidades humanas y sobrenaturales. Rosa María lo secunda en todo.
Ya en Perú —llegaron el 10 de febrero de 1968— tendrán dos hijos, María de los Ángeles y Ricardo, y adoptarán una niña cuzqueña, Margarita.
José Cruz se gana la simpatía de todos por su gran bondad, su espíritu de responsabilidad y su tesón en el trabajo. Se entrega incondicionalmente a Jesús a través de esta Obra. Tiene que sufrir mucho, pero mantiene su inquebrantable fidelidad.
Con su llegada se da impulso al primer taller-escuela “Cristo Rey” para enseñar mecánica a algunos muchachos cuzqueños. Era el primer trabajo misionero de la Obra del Padre Molina en América. Hoy familias y actividades se han multiplicado abundantemente. Muchos matrimonios han seguido su ejemplo. Es el fruto de aquella primera semilla que con su vida sembraron los Letamendía.
El 9 de agosto de 190, José Cruz, su esposa y sus hijos, Mª de los Ángeles y Ricardo, fallecen en un accidente aéreo en el Cuzco cuando venían a España a buscar ayudas para los más necesitados.
“…Modelo de misionero seglar. Entregado incondicionalmente a Cristo… Muy fieles al Evangelio. Acá se hicieron amar. Han dejado huella… Lo mucho que hicieron por esta Obra el Señor se lo está premiando ahora por toda la eternidad. Aquel día, cuando volaban, creíamos que volaban para su patria chica, pero el Señor desvió su viaje para el cielo. ¡Bendito sea! Un ejemplo digno de imitar”. (De unas cartas del P. Molina)
BIZUM: 9734
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